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La importancia del ácido fólico en el embarazo

En la última década, las investigaciones han revelado la importancia de un elemento nutritivo protector que muchas mujeres no reciben en cantidades adecuadas a través de la dieta normal, se trata del ácido fólico.

El ácido fólico, que se encuentra especialmente en las verduras de grandes hojas de color verde oscuro, y en ciertas frutas, cereales y vísceras de animales, especialmente en el hígado. El papel del ácido fólico apareció con fuerza en los estudios recientes sobre defectos en los tubos neurales. Ya que, aproximadamente uno de cada 500 embriones, el tubo neural no se desarrolla adecuadamente, o bien no se cierra la parte inferior de la espina, lo que provoca la espina bífida, o no se desarrolle la parte superior del sistema nervioso, lo que provoca anencefalia.

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La causa es parcialmente genética, como han demostrado no solamente las diferencias étnicas en la frecuencia del defecto, ya que los fetos de antepasados británicos, por ejemplo, eran más vulnerables que los antepasados africanos o asiáticos.

Sino también, por el hecho de que una pareja en concreto que tenga un niño con un defecto en el tubo neural, tiene una posibilidad entre 30 de que su próximo hijo tenga el mismo problema.

Sin embargo, el ácido fólico a veces puede evitar este defecto. En un estudio que se hizo en Inglaterra, cerca de 2000 mujeres embarazadas que ya habían tenido un hijo con un defecto en el tubo neural, recibieron uno de los cuatro tratamientos siguientes: vitaminas con ácido fólico incluido, vitaminas sin ácido fólico, ácido fólico sin vitaminas y ningún suplemento dietético especial.

Las mujeres que recibieron ácido fólico adicional, con o sin las otras vitaminas, tuvieron muchos menos hijos con defectos del tubo neural, ya que su riesgo se redujo de uno entre 30a uno entre 100.

El papel decisivo del ácido fólico se hizo más patente en un estudio en Jamaica, en donde, normalmente, la incidencia de niños con defectos del tubo neural es bastante baja, pero en la segunda mitad del año 1989, el índice de recién nacidos jamaicanos con espina bífida o con anencefalia aumentó más del doble.

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Intentando averiguar la causa, se identificó al huracán Gilbert, que el 12 de sep. De 1988 arrasó las cosechas y el ganado de la isla. En los meses siguientes al huracán, los jamaicanos no pudieron alimentarse con su dieta habitual, que normalmente es muy alta en ácido fólico, como los plátanos maduros y las naranjas que contienen cantidades apreciables de folato y ascorbato, verduras, el callaloo local, que es muy parecido a las espinacas, y vísceras de animales, el hígado y los riñones de ternera y de pollo.

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En lugar de esta dieta, consumían los alimentos enviados como ayuda para paliar los efectos del desastre, que consistían en comidas preparadas ya embaladas como el arroz, la harina, el azúcar, el maíz, las salchichas, las sardinas, la cabaña enlatada … Etc..

Como resultado, las mujeres que se quedaron embarazadas en los meses siguientes al huracán, empezaban el embarazo con una deficiencia de ácido fólico, y mantenían esta deficiencia los primeros meses que son decisivos.

Debemos decir, que antes de que los investigadores llegaran a la conclusión de que la deficiencia en el ácido fólico era la causa de la tragedia de los nacimientos en Jamaica, examinaron y descartaron otras explicaciones posibles, como un aumento temporal del consumo de drogas, exposición a los pesticidas, trauma relacionado con el huracán, malnutrición generalizada y una atención médica precaria o interrumpida.

Estos estudios permitieron concluir que se debería añadir ácido fólico la dieta general, quizás, en uno de los ingredientes del pan, de la misma forma que se añade vitamina D a la leche. Sin embargo, existe un alto grado de desacuerdo sobre la cantidad de suplemento que surtiría un efecto protector, sin plantear los problemas de una sobredosis, para los que ya consumen una gran cantidad de alimentos, que poseen ese principio activo en proporción suficiente.

En general, pues, el consejo médico sobre la nutrición antes de la concepción y antes del parto coincide con el sentido común, hay que llevar una dieta variada y abundante de todos los alimentos básicos, especialmente frutas, verduras y cereales, que aportan la mejor protección general para el feto en gestación.

fuentes [1][2]